Durante décadas, el hinterland de Puerto Quequén fue entendido como el territorio desde donde llegan los granos, la producción y el movimiento que sostienen la actividad portuaria. El 30 de julio ocurrió el recorrido inverso. Por primera vez, el programa Puerto Ciudad llevó una de sus actividades al hinterland, en el CAI de Lobería, transformando un encuentro sobre consumos problemáticos en un espacio de escucha donde jóvenes jugadores de la inferiores del club y parte de su dirigencia enfocaron las preguntas que marcaron el rumbo.
. Las inquietudes fueron depositadas de manera anónima en un buzón interactivo. Una de ellas silenció la sala.
“Si el Estado permite el cannabis, ¿cómo debemos entender ese mensaje? ¿No parece decirnos que consumir está bien? Entonces, ¿quién nos ayuda a saber dónde están los límites?”
La intervención no expresó una posición sobre una política pública. Expuso la percepción de algunos adolescentes frente a mensajes que consideran difíciles de interpretar. En el intercambio surgió entonces una aclaración necesaria: el cannabis medicinal posee un marco regulatorio específico, vinculado a indicaciones terapéuticas y controles previstos por la normativa. Sin embargo, esa distinción no siempre resulta evidente para quienes reciben información fragmentada. De allí nació otra pregunta espontánea: “¿Quién controla eso?”.
Más que cuestionar una ley, los jóvenes parecían buscar algo diferente: comprender dónde termina una excepción sanitaria y dónde comienzan los riesgos del consumo no médico. Esa necesidad de referencias claras desplazó el eje de la charla hacia un aspecto menos visible de la prevención: la importancia de comunicar con precisión y generar espacios donde las dudas puedan transformarse en conocimiento.
Las preguntas continuaron. ¿Cómo reconocer si un amigo atraviesa un consumo problemático? ¿Cómo ayudarlo sin aislarlo? ¿Qué factores pueden llevar a una persona a consumir? También apareció otra preocupación propia de esta generación: el uso intensivo de las pantallas y su impacto sobre el descanso, la atención y los vínculos cotidianos. Lejos de ofrecer respuestas simplificadas, el diálogo puso el foco en la escucha, el pensamiento crítico y en comprender que los consumos problemáticos responden a múltiples factores que interactúan entre sí.
La jornada dejó una imagen difícil de ignorar. Así como todos los días el hinterland aporta al puerto la producción que impulsa su desarrollo, esta primera actividad representó el camino inverso: un puerto que vuelve al territorio con herramientas para fortalecer a sus comunidades. Porque el desarrollo de una región no circula únicamente por las rutas que transportan cargas. También viaja a través del conocimiento, la confianza y la capacidad de escuchar. Esa es, precisamente, la premisa que orienta a Puerto Ciudad: consolidar un vínculo de ida y vuelta entre el puerto y su hinterland, donde el crecimiento económico encuentra su correlato en el desarrollo humano, educativo y social de las comunidades que integran su área de influencia. Y, aquella tarde en Lobería, fueron precisamente las preguntas de los jóvenes las que recordaron que la prevención comienza mucho antes del consumo: empieza cuando una comunidad decide no dejar ninguna duda sin respuesta.
